¿Por qué el acceso abierto a la ciencia?

¿Por qué el Acceso Abierto en la ciencia?

¿Por qué el acceso abierto en la ciencia? Es una editorial elaborada por el equipo OpenConnection para el Journal of Agriculture and Animal Sciences Vol. 5 No.1 de 2016, en el marco de la labor de nuestra empresa en pro del desarrollo y la adopción del acceso abierto al conocimientos científico como forma privilegiada de comunicación para las ciencias.  Hoy queremos compartirlo con ustedes.

Observar, experimentar, probar y comunicar, siguen siendo los procesos básicos de la creación del conocimiento. Desde la capacidad de domesticar el fuego o cultivar la tierra, hasta el trabajo colectivo de conformación del mapa del genoma humano, estos pasos constituyen el método que nos ha permitido la apropiación del mundo y nos ha iniciado en la comprensión del universo. Y aunque no somos la única especie capaz de hacerlo (hoy sabemos que otros animales también usan herramientas para apropiarse de su entorno) sí somos la única capaz de describir, conservar y comunicar lo aprendido, externamente. El acervo de la información científica que hemos conformado hace parte inalienable de nuestro patrimonio como especie, y su conservación y acceso es inseparable del desarrollo social y la cohesión de todos los grupos humanos.

Sin el registro cuidadoso de los observadores de las estrellas en la antigüedad y la acumulación de tales datos, la astronomía no habría podido explicarnos todo lo que hoy sabemos; sin la capacidad de organizar y preservar la información acumulada, las ciencias no serían el complejo sistema que hoy nos permite planear un viaje a marte; sin la disposición de los científicos a compartir y difundir sus investigaciones y a explicarnos sus hallazgos, muy poco habríamos avanzado.   La correspondencia de Charles Darwin, compuesta por miles de piezas con cientos de científicos, coleccionistas y exploradores es ampliamente reconocida en la historia de las ciencias y representa el modelo primario de la comunicación científica; en Colombia la correspondencia entre Rufino José Cuervo y August Friedrich Pott fue parte fundamental para la conformación de la magna obra de gramática española de Cuervo. Desde entonces, el desarrollo de la investigación se ha basado en la libre circulación y comparación de las ideas, entendiendo que es la adecuada descripción y comunicación de los datos, hipótesis y conclusiones, lo que permite la comprobación indispensable para el debate y el enriquecimiento del acervo colectivo del conocimiento humano.

Si la Revolución Científica es el marco que reúne los grandes cambios que determinaron el final de la Edad Media, la popularización de imprenta es el instrumento ideal de comunicación, difusión y divulgación que exigían los nuevos métodos. Con ella las universidades y las bibliotecas monacales  se transformaron en instituciones que fomentan la transformación política de la Ilustración, dando orígen a la democracia moderna. En ese contexto, las prácticas bibliotecarias acumuladas desde la aparición de la escritura, se consolidaron en las disciplinas que hoy agrupamos en las  ciencias de la información y la documentación. Ciencia, universidad y biblioteca expresan el ideal del conocimiento organizado, acumulado, compartido y divulgado para avance y desarrollo de la humanidad, bajo los principios de “libertad, igualdad y fraternidad” del humanismo liberal.  

Así, las universidades modernas desarrollaron su prestigio desde las colecciones de sus bibliotecas, capaces de congregar y nutrir las comunidades científicas que promovieron el modelo de comunicación basado en la revista académica como el medio idóneo para comunicar, contrastar, debatir y divulgar sus hallazgos y resultados;  fue un modelo útil hasta el momento en el que la aparición de las nuevas tecnologías de información y comunicación, facilitaron el oligopolio de las publicaciones por parte de las bases de datos comerciales, y transformaron el modelo de adquisición y propiedad de las publicaciones.

El modelo de las publicaciones científicas impresas dio origen a un lucrativo mercado de edición y comercialización de revistas y monografías. En su momento, un negocio necesario y constitutivo del desarrollo de la ciencia, con cobros justificados por los costos de impresión, pero sobre todo por los costos de circulación (catálogos editoriales, visitadores académicos que promueven la circulación de las revistas y fletes de transporte para entrega de materiales físicos).  Hoy sin embargo, las publicaciones se editan principalmente en medio digital y el acceso abierto surge para renovar los principios de generación colectiva y apropiación social de conocimiento para el desarrollo de la humanidad, defendiendo el acceso democrático a la información.

Es una triste paradoja, que justo cuando la publicación digital facilita los ideales iniciales de la revista científica, sus prácticas actuales están corrompiendo el sistema de comunicación de la ciencia, al convertir los medios en fines: haciendo de la publicación el objetivo mismo de la investigación, y no el medio de comunicación y debate que hace parte del desarrollo de la ciencia. Obligando a los investigadores a dirigir sus esfuerzos a la publicación de resultados de corto plazo,  impidiendoles que se ocupen de los grandes misterios que requieren largos tiempos de reflexión, excluyendo la posibilidad de compartir los errores cometidos, negando la publicación de investigaciones que corroboran resultados ya obtenidos y, especialmente haciendo que el acceso a publicaciones científicas se convirtiera de nuevo, en un privilegio de pocos, recordándonos los tiempos oscuros de la Edad Media.

Estos negocios surgidos desde la publicación impresa, ràpidamente aplicaron las TIC para desarrollar estrategias que hoy les permiten monopolizar las publicaciones científicas. El estudio de Vincent Larivière reporta que en 1973 un 20% de los artículos publicados estaban monopolizados y para el 2013, el monopolio había crecido hasta alcanzar el 53% (y no es exagerado suponer que actualmente supere 60%), con respecto a la distribución, el total de los artículos publicados son propiedad de tres empresas: Elsevier con 24.1%, Springer 11.9% y Willey-Blackwell 11.3% (1). Si bien estas empresas no son editores de todas las revista que poseen, han tenido la connivencia de editores académicos que les  cedieron el control editorial, administrativo y comercial de sus publicaciones a estos monopolios.

En Colombia, la complicidad entre instituciones responsables del diseño y la ejecución de las políticas públicas, con estas empresas, tiene efectos nefastos en el desarrollo científico y acceso democrático al conocimiento; e impide que la comunicación científica del país prospere, generando zozobra permanente entre los académicos.  En el mes de junio del presente año, en medio de una presentación de Elsevier, su representante mencionaba con orgullo pasmoso un estudio que indica que el “80% de los investigadores sienten que sus carreras dependen de publicar en revistas de alto impacto“.  ¿Qué podemos esperar de un modelo que no promueve la generación de nuevo conocimiento para el desarrollo de la sociedad, y por contrario respalda un oligopolio que vicia la producción y la medición científica, plagando el sistema científico nacional con profundas desigualdades para la circulación y el acceso al conocimiento?

Corresponde a las universidades, a la ciencia de la información y la documentación, a los investigadores y sus comunidades, a los medios de comunicación, y a los ciudadanos, exigir que el desarrollo y la comunicación de la ciencia apropie las ventajas de la revolución digital para favorecer los principios humanistas de la modernidad, entendiendo que la ciencia no puede volver a ser campo exclusivo, ni excluyente. Es imprescindible que la comunidad académica y científica comprenda que el acceso abierto es un  derecho ganado desde la Ilustración y que, en las palabras del nobel de medicina Richard J. Roberts “es el único modelo del futuro y el debate debería tratar sobre cómo podemos lograrlo lo más rápido posible” (2).

Y en este sentido, es indispensable que todos entendamos el movimiento el acceso abierto como la posibilidad de adaptar a la revolución digital al ideal que define la información y el conocimiento científico como parte del patrimonio de la humanidad; y entendiendo este conocimiento como insumo fundamental para la sostenibilidad de la especie humana, debemos garantizar y exigir que el registro de sus procesos, reflexiones y resultados se mantenga como un bien común, defendiendo el acceso a tales registros como un derecho humano fundamental.

Johana Jaramillo.

Bibliotecaria y activista por el acceso a la información y al conocimiento. Dirige OpenConnection, es miembro fundador del Colectivo de Cultura y Acción Política Bibliotecaria BibliotecariosAlSenado, miembro de la Red de Gobernanza de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (RedGCTI), la Asociación para el Avance de las Ciencias (ACAC) y el Colegio Colombiano de Bibliotecología (ASCOLBI) y miembro de la comunidad Meet Girls.

Paola Ramírez. Bibliotecóloga independiente con experiencia en docencia e investigación. Experta en gestión de colecciones y filosofía de las ciencias de la información. Dedicada actualmente a la documentación para el área biomédica y la promoción de las iniciativas de acceso abierto a la información y el conocimiento.

Daniel Moncada. Bibliotecólogo e investigador independiente, experto en patrimonio bibliográfico y documental, políticas de información, bibliotecas públicas e historia de la cultura escrita.

(1)   Larivière V, Haustein S, Mongeon P (2015) The Oligopoly of Academic Publishers in the Digital Era. PLoS ONE 10(6): e0127502. doi:10.1371/journal.pone.0127502

(2)   European Commission (2005). Public supports overhaul of European scientific publication system. [Consultado junio 2015] Disponible en: http://cordis.europa.eu/news/rcn/26464_en.html

Vea además:

Journal of Agriculture and Animal Sciences Vol. 5 No.1 de 2016

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